
Llevaba mucho rato esperando. En aquella sala, oscura, fria y de marmol, asomada a aquél gran ventanal por el cual se veia caer una fina lluvia, y un cielo nublado.
Al rato se le acercó un hombre, estaba nervioso, no sabía como expresarlo sin hacer daño. Había estado todo el camino moviendo las manos insistentemente, para ver si se calmaba.
-Ha muerto - susurró ya cansado, el desconocido.
Ella, asimilando las palabras dichas, se volvió hacia el ventanal.
-Al menos ya no hará mas daño a nadie.
Fuera la tormenta había crecido, desatando una gran lluvia.